lunes, 7 de julio de 2008

Silencio

No podíamos hacer ruido. Había llegado tu familia de improviso y se estaban arreglando para acostarse. Habían entrado en tu cuarto para darte las buenas noches y decirte que se habían encontrado a tu novia en el cine con su hermana. Yo había saltado de la cama y me había escondido debajo. Cuando por fin tu madre se fue de la habitación, no sin antes contarte lo maravillosa y guapísima que estaba, yo salí de debajo de la cama.
-Mejor que te vayas cuando se duerman-
-Ok-

No teníamos mucha confianza, solo nos habíamos acostado un par de veces. Así que la situación cuanto menos era incomoda. Tumbados en la cama comenzamos ha hablar de la Universidad. Pero de pronto el empezó a sentirse culpable, por lo que le estaba haciendo a Patri y empezó a rallarme. Yo, que le entendía, me estaba empezando a agobiar. Su santa madre había decidido por primera vez en su vida dormir con la puerta abierta y la luz encendida. Y para salir de aquella casa había que pasar por delante de esa puerta. Con lo que ahí estaba yo, vestida, en la cama con un extraño, también vestido y hablando de lo mal que se sentía. No se como ocurrió, pero acabe apoyada en su pecho. El seguía habando acerca de lo que es traicionarse a uno mismo, cuando note que me acariciaba la espalda por encima del vestido.
-Que haces?
-No te importa que te acaricie no?
-Que va, que va.

No solo no me importaba, sino que me encantaba. La sensación de que nos pudieran pillar sus padres y por lo tanto su novia y que además el estuviera debatiéndose entre el bien y el mal, entre cortar por lo sano esto o dejarse llevar por la lujuria, me ponía a mil.
Las caricias tímidas por la espalda, comenzaron a ser menos tímidas y a explorar la parte de mi anatomía que le quedaba a mano. Ni el ni yo nos movíamos, la única parte en movimiento era su mano.
Tenía miedo de mirarle a los ojos y que sus manos dejaran de buscarme, tenía miedo de moverme, de respirar, de tocarle, de no tocarle. Me armé de valor y le acaricié la boca. Mi dedo índice rozó su lengua y entendí que era mejor dejar de tener miedo...En silencio lo hicimos, en silencio me corrí, en silencio le bese y en silencio me fui.
No fue el mejor polvo, ni el más apasionado, ni siquiera lo recuerdo. Pero si que me queda esa sensación de haber conectado por unos segundos.

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